Bienvenido al refugio de los agobiados por el trabajo enajenante

Este es tu espacio, se reciben todo tipo de colaboraciones, con la única condición de que aporten a nuestra incesante búsqueda de inventiva y ocio creativo

Buscar este blog

23/4/11

Pausa


Una pausa en la rutina para asistir a una sesión de meditación conducida por Nangpel en Xalapa y visualizar que son muchas las personas en el mundo que construyen con cada uno de sus actos la paz, la concordia, el respeto a todos los seres vivos, la vida sencilla y en armonía con la naturaleza, el bien común

¡...velada, suma unión! / Gabriel Lara Klahr



A las víctimas del crimen organizado



¡Déseme ver, si los hubiere,

en mi desahuciado espíritu

la confluencia de todos los seres,

la fusión de sus resplandores

Para reírme así de su infamia

y mis terrores,

del masoquismo de lo humano

que así desbarata y hiere

cual telarañas sus tejidos.


¿He inflingido yo mismo

un dolor semejante?

Maldigo entonces mi concepto Yo.


Hostil mundo, ¿por qué me has señalado?,

¿quién dispuso así intimidarme?,

¿Habrá quien se arrepienta?

cobarde aire, cobarde ambiente,

cobarde luz;

nada ocurre.

Mas al jalar mi camisa

chascan los dientes

fugaces equinos.


Los pájaros son sus cómplices,

-no así los insectos-

¿Creen que morirán menos,

por callar mi desgracia?

Si me golpearan

sabrían que hay algo vivo

en todo esto.

Anónimas cerbatanas,

arrojan diminutas agujas

a los muros corroídos

y a mi cuello.


Suplicio

largo dolor

para siempre soledad.


Tristeza inerte, noticia infernal,

sino Irreparable.






13/4/11

Ecoaldeas en México, es posible vivir de otra manera

El riesgo de colapso ambiental que enfrentamos actualmente por el sistema de vida que llevamos, basado en la depredación de la naturaleza, nos lleva a la siguiente pregunta: ¿es posible vivir de otra manera? La respuesta es que no sólo es posible, sino indispensable, si queremos dejar a las generaciones siguientes un mundo habitable.

Parece una utopía, sin embargo hay casos concretos de personas que habiendo vivido en la “modernidad” decidieron retomar el conocimiento ancestral de nuestros pueblos y lo fusionaron con las herramientas que se obtienen de vivir en las ciudades, de los estudios universitarios o del trabajo profesional, para desarrollar comunidades que lejos de acabar con su entorno natural lo están regenerando y enriqueciendo.

Tales comunidades forman parte de un movimiento en germen, que tiende a propagarse a escala internacional, aunque no con la rapidez que se requiere.

En una revisión no exhaustiva por internet pudimos localizar varias de esas comunidades que comparten sus experiencias mediante sitios web. Limitándonos a nuestro país, encontramos la Red de Ecoaldeas de México, que aglutina alrededor de 22 organizaciones que funcionan en los estados de México, Tlaxcala, Morelos, Jalisco, Veracruz, Quintana Roo, Michoacán, Sonora y en la ciudad de México.

Una de esas organizaciones, denominada Las Cañadas Bosque de Niebla, ubicada en Huatusco, Veracruz, cuenta con alrededor de 20 miembros fundadores e involucra a personas de las poblaciones vecinas como cooperativistas.

Alguien podría preguntarse cómo se sostienen esas agrupaciones. Es tan amplio su campo de acción que sorprende. En su presentación, en su respectivo sitio web, podemos leer que se dedican a labores productivas, educativas y de salud tales como impartir a grupos escolares o privados, talleres de bioconstrucción, energías renovables y alimentación naturista.

Ofrecen servicios de hospedaje y ecoturismo. Brindan servicios de salud holística y terapia floral.

También difunden su experiencia en economía cooperativa, campismo, reforestación, aprovechamiento de residuos, permacultura, artes y oficios, música, danza, literatura, legislación ambiental, promoción de azoteas verdes, reforestación, baños secos y otras prácticas para el aprovechamiento racional del agua, venta de artesanías y cultivos orgánicos, lombricultura, hidroponia, floricultura.

Como se ve, es posible vivir de otra forma, diferente a la que nos impone el modelo económico dominante, el cual además de sobreexplotar el medio ambiente natural acaba con la salud de los individuos, sometidos al estrés, el trabajo enajenante y el consumo excesivo de productos industrializados.

12/4/11

Foro: ideas para vivir en armonía con la naturaleza

Se aceptan todo tipo de propuestas sencillas e inmediatas acerca de cómo detener el deterioro de nuestro entorno natural. Las mejores se publicarán en el primer número del sitio web de la ecoaldea Fortín de las Flores. También son bienvenidas fotos e imágenes con tema ambiental. ¡Participa!

6/4/11

Convocatoria a fundar la ecoaldea Fortín de las Flores

Ecoaldea Fortín de las Flores



Quiénes somos

Somos un grupo en formación que pretende fundar una aldea ecológica en la zona de Fortín de las Flores, Veracruz, con el objetivo de aplicar en nuestra vida cotidiana los principios de economía autosustentable en armonía con la naturaleza, la historia y la cultura de la región. A partir de esto, constituirnos en difusores de nuestra experiencia para contribuir en la protección y recuperación del medio ambiente.

Actualmente estamos en proceso de reclutamiento de personas que se identifiquen con nuestro proyecto, para delinear un plan de acción a mediano plazo.

Objetivo

Desarrollar en la ecoaldea Fortín de las flores las siguientes actividades para alcanzar la autosustentabilidad: integración a la Red de Ecoaldeas de México, aplicación y desarrollo de agricultura y jardinería orgánica, comercio justo, ecoturismo, prácticas de sanación alternativa, nutrición, yoga, música, literatura, elaboración de artesanía, fotografía y video documental, recursos electrónicos, integración a la red global.

Concepto de ecoaldea

Es “un asentamiento humano, concebido a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida, integrándolos respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo y que puede persistir indefinidamente”, según definición contenida en el sitio web de la Red de Ecoaldeas de México (www.reddeecoaldeas.org), organismo que congrega a estas comunidades comprometidas con el rescate de la producción orgánica de alimentos, el desarrollo sostenible, la capacitación, la ecología y la búsqueda de biotecnologías alternativas.

3/3/11

Soledad mexicana. Poema de jack Kerouac*

Soy un extraño sin felicidad

caminando las calles de México

recordando

Mis amigos se me han muerto,

mis amantes desaparecieron,

mis putas fueron proscriptas,

mi cama apedreada y sacudida

por los terremotos y no tengo

hierba santa para volarme a la luz

de las velas y soñar humo de autobuses

solo eso, tormentas de polvo, y las mucamas

que me espían furtivamente a través de un agujero

en la puerta, taladrado secretamente para observar

las almohadas con que hacen el amor los masturbadores

Yo soy la gárgola

de Nuestra Señora

soñando en el espacio

sueños grises brumosos

Mi rostro apunta hacia Napoleón

no tengo forma

La libreta en la que anota las direcciones postales

está plagada de "Que en paz descanse"

No creo en el valor del vacío,

me siento cómodo sin honor

Mi único amigo es un viejo marica

que no posee una máquina de escribir

Que, si fuera mi amigo,

Intentaría sodomizarme.

Queda algo de mayonesa,

una no deseada botella de aceite,

campesinos lavando el tragaluz,

un loco con quien comparto el mismo cielorraso

hace gárgaras en el baño contiguo

unas cien veces por día

Si me emborracho tengo sed

si camino mi pie se rompe

si sonrió mi máscara es una farsa

si lloro sólo soy un niño

si recuerdo miento

si escribo, ya todo fue escrito

si muero, la muerte llega a su fin

si vivo, la muerte recién comienza

si espero, la espera es más prolongada

si parto, la partida ya no existe

Si me duermo la dicha suprema es pesada

la dicha pesa sobre mis párpados

si voy a cines baratos me comen las chinches

No tengo dinero para cines lujosos

Si no hago nada

nada lo hace



*Versión de Esteban Moore


Sin proponérmelo, "subí" al Refugio este poema de Kerouac en una fecha muy oportuna, pues el mayor escritor de la llamada generación beat nació 12 de marzo de 1922; es decir, en unos días se cumplirán 89 años de su nacimiento, en Lowell, Massachusetts, Estados Unidos. Como muchos fuera de serie, murió de manera prematura, a los 47 años, en 1969.

Kerouac es considerado uno de los escritores estadounidenses más importantes del siglo veinte. Su estilo "jazzeado" e inmediato, denominado por él mismo "prosa espontánea", ha inspirado a numerosos artistas y escritores, entre los que destaca el cantautor Bob Dylan. Una de las obras más conocidas de Kerouac, En el camino (On the road), se convirtió en el manifiesto de la beat generation. Junto con Los vagabundos del Dharma, Big sur y El viajero solitario, narra los viajes del autor a través de Estados Unidos. El género cinematográfico denominado road movie nace bajo la influencia de las novelas de Kerouac, especialmente en cuanto a la técnica narrativa.
El poeta y escritor puede ser calificado como un "desarraigado" que rechazó los valores tradicionales de los años 50. Sus escritos reflejan la firme voluntad de liberarse de las asfixiantes convenciones sociales de su época, así como la búsqueda de un sentido de la existencia. Compañeros de esta búsqueda fueron la mariguana y el alcohol. La búsqueda existencial le lleva también a la religión y la espiritualidad, especialmente al zen .
"Jazz poet", como se definía a sí mismo, Kerouac elogia las hazañas del amor (la pasión carnal es para él "la puerta del paraíso"), y proclama la inutilidad de todo conflicto armado. Por ello, es un precursor de los movimientos sociales de los años sesenta, que hicieron tambalearse las certezas de las sociedades en Estados Unidos, México, Francia, entre otros países. Es decir, con su poesía y narrativa inspiró al rock, a los movimientos de mayo del 68, la oposición a la guerra de Vietnam, y a los hippies de Woodstock.

Fuente: Wikipedia

28/2/11

Veneno para ratones

Quiero confesar con algo de pena que últimamente he regresado al hábito de fumarme de vez en diario dos o tres cigarros. Lo peor es que me encuentro con que las cajetillas de Marlboro ahora incluyen con descaro leyendas como "contiene sustancias utilizadas en veneno para ratones", o: "contiene amoniaco, sustancia tóxica que facilita la absorción de nicotina, lo que aumenta tu adicción"; "Fumando aumentas veinte veces tus probabilidades de morir por cáncer de pulmón". Qué poca madre, me lo hubieran dicho hace 30 años.

5/2/11

Tob+ias

Con grata sorpresa recibí el más reciente bebé de Gabriel Lara Klahr: Tob+ias, recuento de sus poemas con su característico estilo enigmático que muestra una pluma bastante definida. Al margen, me encantó la dedicatoria con que acompañó el volumen que tuvo la gentileza de enviar hasta mi páramo boqueño: “…para mi ídolo kafkiano, Othón”, pues Kafka fue una de mis mayores influencias en mis primeros titubeos creativos. Gracias compay, enhorabuena!!!

20/1/11

La dama y el gato

Gabriel Lara Klahr

Para ella yo era en mí mismo un poema.

Mis ojos eran versos,

Mi nariz una sátira,

Decía que eran pestañas mis arañas,

Pero sobre todo, ella amaba a los gatos,

A mí me amaba,

A pesar de que yo era un ingrato,

Sólo la admiraba, sólo la veía hermosa como una virgen rusa,

Pero mi timidez, mi hipersensibilidad e impotencia

me hacían retraerme.

¿Por qué no me di cuenta de que ahí estaba?

Sabía que estaba ahí, pero no me di cuenta,

Creí que siempre estaría, todos lo creímos,

¿Cómo podía no estar, si ella era

última en reír siempre?

Todas sus cosas y sucesos eran demasiado extravagantes,

demasiado originales, demasiado niños

pero también demasiado naturales.

Ella era como la madre de Jesús

que parió

mientras iba al censo:

muy formal.

Frida: el antiguo oficio de mirar

En los años recientes Frida Lara Klahr no sólo ejerció el “antiguo oficio de mirar” que es la poesía, también dio cátedra y divulgó el acervo de los más de siete mil libros del espacio de arte Cántico a su cargo, con actividades dirigidas sobre todo a jóvenes de Morelia, donde residía. Desde siempre fue una activa promotora cultural: organizó el primer Encuentro Nacional Cervantes de Poesía de la capital michoacana, y participó en numerosos encuentros poéticos a escalas nacional e internacional, como integrante del PEN Club.

Entre su obra destacan los libros de poesía El nuevo cantar de Isolda; El espíritu es agua (1984); Mi antiguo oficio de mirar; La mujer de Ur; Canto al suicida o el libro de las desapariciones; La voz que no tiene nombre; Talle roto; Navarra decantada y Cautiva de libertad; la antología personal Exilio en mi tierra. Antología poética (1965-1995); Ánima Eva (2005). Por ello fue incluida en la antología Los nombres y las letras. Muestra de la poesía contemporánea de Michoacán 1965-2007, de Leonarda Rivera y José Antonio Alvarado. También realizó el video Anima Eva, donde fusionó la poesía con la música y la danza, que ha sido difundido en diversos foros.

De origen judío, su familia emigró de Polonia hacia México durante la Segunda Guerra Mundial. Entre 1969 y 1975 estudió filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde posteriormente trabajó durante 20 años. Fue becaria del Fondo para la Cultura y las Artes de Michoacán. En 1972 coordinó un programa de poesía en la Universidad Juárez de Durango. A su llegada a Michoacán radicó en Pátzcuaro, donde impartió clases de filosofía en el bachillerato y fundó el Grupo de Poesía Carlos Pellicer y el Encuentro Nacional Cervantes de Poesía. Impartió talleres en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y participó en el Festival Internacional de Poesía Morelia en 1981.

Colaboró en el periódico La Voz de Michoacán, con su columna “Crítica y fantasía”, sobre temas de literatura contemporánea, y en el suplemento de la cultura “Acento” del mismo periódico. Fue fundadora de las revistas Creación y Flor y Canto (en Pátzcuaro). Su obra se ha publicado también en revistas de España, como Mester.

Obtuvo el Premio Estatal de Poesía en 1981, por su libro El Nuevo Cantar de Isolda.

En septiembre de 2010 fungió como jurado en el Premio Estatal de Poesía Carlos Eduardo Turón.

Frida nació el 8 de septiembre de 1948 en la ciudad de México y falleció el pasado 14 de enero en Morelia a los 63 años, a causa de una neumonía. Sus restos fueron cremados para ser enviados a Polonia, el país natal de su madre.













Ilustración del poemario Anima Eva



La casa de la araucaria

Fue sorprendente cómo la tristeza se convirtió en alegría, como si de tanto invocarlo, el espíritu de Frida se apoderara de todos y nos indujera a rendirle un homenaje espontáneo y a la vez concebido por ella. Todo parecía dispuesto para ese fin: el altarcito donde se puso la urna con sus cenizas, adornado con una Frida jovencita, una Bina niña, la Boina chapoteando en el Mar Muerto con tío Jacobo, un ramo de gardenias y claveles blancos, y luego más flores que llevaban vecinos que aún no salían de su sorpresa y acudían a expresar sus condolencias pero terminaban contagiados con las risas por las anécdotas que contaba Pablo, su cómplice más cercano en las aventuras infantiles; de fondo, el Réquiem de Mozart, que puso Daniel, según instrucción de Frida, y la algarabía de los nietecitos que jugaban por los rincones de la casita, dispuesta al puro estilo “fridiano”. Su creadora se las ingenió para que convivieran en el mismo espacio la vivienda familiar, el acervo que dejaron los jefes y las actividades del centro de cultura Cántico. De repente apareció en manos de Bina “grande” un ejemplar del periódico Cambio, en el que se publicó una extensa semblanza de la hermana poeta, filósofa y maestra. Después de la emotiva lectura se percibía más fuerte aún la presencia de un espíritu benévolo que impelía a todos más a la risa y los recuerdos entrañables que a la tristeza; a los reencuentros y al intercambio de recuerdos. Nadie se quería ir, pero se acordó un receso hasta la mañana siguiente, en la que todos llegaron con provisiones. Se comieron bolillos rellenos de aguacate con queso o requesón, guayabas, mandarinas, plátanos, café, al estilo de la dueña de la casa de la araucaria; o podría ser al revés: la araucaria con una casita encima de su poderosa raíz, que amenaza con devorarla.

Ni modo, había que regresar a la vida cotidiana. Pero ahora con un hálito de ese espíritu que dio frutos en abundancia. OLK



DOS POEMAS DE FRIDA LARA KLAHR

Canto al suicida



Ella siempre una cifra abierta, un silencio



Siempre extendido siempre



como un ave en su vuelo suspendida.

Su cuerpo cifra y tan callado

No deja de proferir palabras cada día

desde ese día desde esa plancha de acero

Tan callada

Sólo su extenso silencio muerde

Y allí tan blanca



Cada día un enigma sobre mi mesa

En mi pan, cada día una pregunta

sobre mi mesa sobre mi lámpara

Una pregunta que mira silenciosa

Y

como una flor que tan callada



de tanto silencio se abre

la flor de frutos peligrosos

Preguntas tomando aire

para tener siempre más y más hambre

Y ritmo y preguntar de nuevo y empezar

Siempre



Ave, cuerpo, palabra, palabra flor

Se deshoja, se desdobla, se quintuplica



Y cada vez más aves

Más cuerpos

Y preguntas



El espacio ocupado de silencios



el silencio ocupando más espacio

que mi cuarto

que mi cuerpo

espacio que se rasga su vestidura

que tengo que hilar cada noche

que tengo que hilar con un solo hilo

de puro silencio de hielo se me quiebra

en las manos se quiebra su silencio.





Dios ebrio



Las cosas son más eternas de lo que uno cree

Alguien tomó mi mano y escribe

Toma mi pata y hace huellas

escribe una historia que no era la mía



Soy la bruja jodida de la más vieja hora

De la más antigua hoguera

alguien escribió mis presagios y encantamientos

que yo sólo dancé

Los venenos y mis vuelos los dibujó. ¿quién?



Con sus pies en un surco de algún espacio

dictó su veredicto

Y por ese dios ebrio me quemaron



Con su capuchón serio y solemne

Sentenciaron los jueces

Juega

Fuego pirotecnia encanto

Cuento; un viejo blus y hoguera

Cifra canciones y dibujos en la caverna

En Chicago con su saxo, en el DF también arden

en la pira del ritmo y del sueño

Con pinceles profana templos

o piedras pulidas jades

ayer hoy

a la hoguera

mi ceniza vuelve

siempre vuelve o

vuela

y vuelve…

a la hoguera

cátara bruja incrédula.



FUENTES Y REFERENCIAS:

• [B] Antología del Primer Festival Internacional de Poesía. Morelia 1981. Edición, selección y notas de Homero Aridjis. México: Joaquín Mortiz, 1982, p. 351.

• [B] Los nombres y las letras. Muestra de la poesía contemporánea de Michoacán 1965-2007. Leonarda Rivera y José Antonio Alvarado (selección). Morelia: SECUM/Jitanjáfora, 2007. (Colección de poesía michoacana contemporánea, 12).[D. i.] Directorio actualizado de poetas y narradores de Michoacán (2006). Proporcionado por el Departamento de Literatura de la Secretaría de Cultura de Michoacán.[D. w.] MORALES, Enrique. “Exilio en mi tierra. Antología poética de Frida Lara Klahr”. CONACULTA. La Cultura Sala de Prensa. Noticias del día. Página electrónica: http://www.conaculta.gob.mx/saladeprensa/2002/05mar/lara.htm. (Consultada el 11 de abril de 2007).

• [D. w.] MORALES, Enrique. “Frida Lara Klahr ha cruzado fronteras para reconocerse a sí misma”. CONACULTA. La Cultura Sala de Prensa. Noticias del día. Página electrónica: http://www.conaculta.gob.mx/saladeprensa/2002/12mar/frida.htm. (Consultada el 11 de abril de 2007).

• [D. w.] Poemarios. Frida Lara Klahr. 7 de noviembre de 2005. Página electrónica: http://agplaraklahr.blogspot.com/. (Consultada el 11 de abril de 2007).

• [H] LARA KLAHR, Frida. “La poesía como tradición de rupturas” (columna semanal Crítica y fantasía). La Voz de Michoacán, Morelia, 21 de julio de 1999, p- 3C.

• [H] OGARRIO, Gustavo.”Entrevista / Frida Lara Klahr / Autora del libro Exilio en mi tierra”. La Voz de Michoacán, Morelia, 5 de junio de 1999, p. 6B.

• [H] OGARRIO, Gustavo. “La magia y el juego en la literatura latinoamericana de hoy”. La Voz de Michoacán, Morelia, 5 de junio de 1999, p. 10B.

• [H] VILLANUEVA RAMÍREZ, Lourdes. “Los libros más vendidos en marzo”. Donde se refiere el libro Antología poética (1965-1999), UMSNH, con obra de esta autora.

12/1/11

El collar

Guy de Maupassant


Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.



No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde; porque las mujeres no tienen casta ni raza, pues su belleza, su atractivo y su encanto les sirven de ejecutoria y de familia. Su nativa firmeza, su instinto de elegancia y su flexibilidad de espíritu son para ellas la única jerarquía, que iguala a las hijas del pueblo con las más grandes señoras.



Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación.



La vista de la muchacha bretona que les servía de criada despertaba en ella pesares desolados y delirantes ensueños. Pensaba en las antecámaras mudas, guarnecidas de tapices orientales, alumbradas por altas lámparas de bronce y en los dos pulcros lacayos de calzón corto, dormidos en anchos sillones, amodorrados por el intenso calor de la estufa. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles repletos de figurillas inestimables y en los saloncillos coquetones, perfumados, dispuestos para hablar cinco horas con los amigos más íntimos, los hombres famosos y agasajados, cuyas atenciones ambicionan todas las mujeres.



Cuando, a las horas de comer, se sentaba delante de una mesa redonda, cubierta por un mantel de tres días, frente a su esposo, que destapaba la sopera, diciendo con aire de satisfacción: "¡Ah! ¡Qué buen caldo! ¡No hay nada para mí tan excelente como esto!", pensaba en las comidas delicadas, en los servicios de plata resplandecientes, en los tapices que cubren las paredes con personajes antiguos y aves extrañas dentro de un bosque fantástico; pensaba en los exquisitos y selectos manjares, ofrecidos en fuentes maravillosas; en las galanterías murmuradas y escuchadas con sonrisa de esfinge, al tiempo que se paladea la sonrosada carne de una trucha o un alón de faisán.



No poseía galas femeninas, ni una joya; nada absolutamente y sólo aquello de que carecía le gustaba; no se sentía formada sino para aquellos goces imposibles. ¡Cuánto habría dado por agradar, ser envidiada, ser atractiva y asediada!



Tenía una amiga rica, una compañera de colegio a la cual no quería ir a ver con frecuencia, porque sufría más al regresar a su casa. Días y días pasaba después llorando de pena, de pesar, de desesperación.



Una mañana el marido volvió a su casa con expresión triunfante y agitando en la mano un ancho sobre.



-Mira, mujer -dijo-, aquí tienes una cosa para ti.



Ella rompió vivamente la envoltura y sacó un pliego impreso que decía:



"El ministro de Instrucción Pública y señora ruegan al señor y la señora de Loisel les hagan el honor de pasar la velada del lunes 18 de enero en el hotel del Ministerio."



En lugar de enloquecer de alegría, como pensaba su esposo, tiró la invitación sobre la mesa, murmurando con desprecio:



-¿Qué haré yo con eso?



-Creí, mujercita mía, que con ello te procuraba una gran satisfacción. ¡Sales tan poco, y es tan oportuna la ocasión que hoy se te presenta!... Te advierto que me ha costado bastante trabajo obtener esa invitación. Todos las buscan, las persiguen; son muy solicitadas y se reparten pocas entre los empleados. Verás allí a todo el mundo oficial.



Clavando en su esposo una mirada llena de angustia, le dijo con impaciencia:



-¿Qué quieres que me ponga para ir allá?



No se había preocupado él de semejante cosa, y balbució:



-Pues el traje que llevas cuando vamos al teatro. Me parece muy bonito...



Se calló, estupefacto, atontado, viendo que su mujer lloraba. Dos gruesas lágrimas se desprendían de sus ojos, lentamente, para rodar por sus mejillas.



El hombre murmuró:



-¿Qué te sucede? Pero ¿qué te sucede?



Mas ella, valientemente, haciendo un esfuerzo, había vencido su pena y respondió con tranquila voz, enjugando sus húmedas mejillas:



-Nada; que no tengo vestido para ir a esa fiesta. Da la invitación a cualquier colega cuya mujer se encuentre mejor provista de ropa que yo.



Él estaba desolado, y dijo:



-Vamos a ver, Matilde. ¿Cuánto te costaría un traje decente, que pudiera servirte en otras ocasiones, un traje sencillito?



Ella meditó unos segundos, haciendo sus cuentas y pensando asimismo en la suma que podía pedir sin provocar una negativa rotunda y una exclamación de asombro del empleadillo.



Respondió, al fin, titubeando:



-No lo sé con seguridad, pero creo que con cuatrocientos francos me arreglaría.



El marido palideció, pues reservaba precisamente esta cantidad para comprar una escopeta, pensando ir de caza en verano, a la llanura de Nanterre, con algunos amigos que salían a tirar a las alondras los domingos.



Dijo, no obstante:



-Bien. Te doy los cuatrocientos francos. Pero trata de que tu vestido luzca lo más posible, ya que hacemos el sacrificio.



El día de la fiesta se acercaba y la señora de Loisel parecía triste, inquieta, ansiosa. Sin embargo, el vestido estuvo hecho a tiempo. Su esposo le dijo una noche:



-¿Qué te pasa? Te veo inquieta y pensativa desde hace tres días.



Y ella respondió:



-Me disgusta no tener ni una alhaja, ni una sola joya que ponerme. Pareceré, de todos modos, una miserable. Casi, casi me gustaría más no ir a ese baile.



-Ponte unas cuantas flores naturales -replicó él-. Eso es muy elegante, sobre todo en este tiempo, y por diez francos encontrarás dos o tres rosas magníficas.



Ella no quería convencerse.



-No hay nada tan humillante como parecer una pobre en medio de mujeres ricas.



Pero su marido exclamó:



-¡Qué tonta eres! Anda a ver a tu compañera de colegio, la señora de Forestier, y ruégale que te preste unas alhajas. Eres bastante amiga suya para tomarte esa libertad.



La mujer dejó escapar un grito de alegría.



-Tienes razón, no había pensado en ello.



Al siguiente día fue a casa de su amiga y le contó su apuro.



La señora de Forestier fue a un armario de espejo, cogió un cofrecillo, lo sacó, lo abrió y dijo a la señora de Loisel:



-Escoge, querida.



Primero vio brazaletes; luego, un collar de perlas; luego, una cruz veneciana de oro, y pedrería primorosamente construida. Se probaba aquellas joyas ante el espejo, vacilando, no pudiendo decidirse a abandonarlas, a devolverlas. Preguntaba sin cesar:



-¿No tienes ninguna otra?



-Sí, mujer. Dime qué quieres. No sé lo que a ti te agradaría.



De repente descubrió, en una caja de raso negro, un soberbio collar de brillantes, y su corazón empezó a latir de un modo inmoderado.



Sus manos temblaron al tomarlo. Se lo puso, rodeando con él su cuello, y permaneció en éxtasis contemplando su imagen.



Luego preguntó, vacilante, llena de angustia:



-¿Quieres prestármelo? No quisiera llevar otra joya.



-Sí, mujer.



Abrazó y besó a su amiga con entusiasmo, y luego escapó con su tesoro.



Llegó el día de la fiesta. La señora de Loisel tuvo un verdadero triunfo. Era más bonita que las otras y estaba elegante, graciosa, sonriente y loca de alegría. Todos los hombres la miraban, preguntaban su nombre, trataban de serle presentados. Todos los directores generales querían bailar con ella. El ministro reparó en su hermosura.



Ella bailaba con embriaguez, con pasión, inundada de alegría, no pensando ya en nada más que en el triunfo de su belleza, en la gloria de aquel triunfo, en una especie de dicha formada por todos los homenajes que recibía, por todas las admiraciones, por todos los deseos despertados, por una victoria tan completa y tan dulce para un alma de mujer.



Se fue hacia las cuatro de la madrugada. Su marido, desde medianoche, dormía en un saloncito vacío, junto con otros tres caballeros cuyas mujeres se divertían mucho.



Él le echó sobre los hombros el abrigo que había llevado para la salida, modesto abrigo de su vestir ordinario, cuya pobreza contrastaba extrañamente con la elegancia del traje de baile. Ella lo sintió y quiso huir, para no ser vista por las otras mujeres que se envolvían en ricas pieles.



Loisel la retuvo diciendo:



-Espera, mujer, vas a resfriarte a la salida. Iré a buscar un coche.



Pero ella no le oía, y bajó rápidamente la escalera.



Cuando estuvieron en la calle no encontraron coche, y se pusieron a buscar, dando voces a los cocheros que veían pasar a lo lejos.



Anduvieron hacia el Sena desesperados, tiritando. Por fin pudieron hallar una de esas vetustas berlinas que sólo aparecen en las calles de París cuando la noche cierra, cual si les avergonzase su miseria durante el día.



Los llevó hasta la puerta de su casa, situada en la calle de los Mártires, y entraron tristemente en el portal. Pensaba, el hombre, apesadumbrado, en que a las diez había de ir a la oficina.



La mujer se quitó el abrigo que llevaba echado sobre los hombros, delante del espejo, a fin de contemplarse aún una vez más ricamente alhajada. Pero de repente dejó escapar un grito.



Su esposo, ya medio desnudo, le preguntó:



-¿Qué tienes?



Ella se volvió hacia él, acongojada.



-Tengo..., tengo... -balbució - que no encuentro el collar de la señora de Forestier.



Él se irguió, sobrecogido:



-¿Eh?... ¿cómo? ¡No es posible!



Y buscaron entre los adornos del traje, en los pliegues del abrigo, en los bolsillos, en todas partes. No lo encontraron.



Él preguntaba:



-¿Estás segura de que lo llevabas al salir del baile?



-Sí, lo toqué al cruzar el vestíbulo del Ministerio.



-Pero si lo hubieras perdido en la calle, lo habríamos oído caer.



-Debe estar en el coche.



-Sí. Es probable. ¿Te fijaste qué número tenía?



-No. Y tú, ¿no lo miraste?



-No.



Se contemplaron aterrados. Loisel se vistió por fin.



-Voy -dijo- a recorrer a pie todo el camino que hemos hecho, a ver si por casualidad lo encuentro.



Y salió. Ella permaneció en traje de baile, sin fuerzas para irse a la cama, desplomada en una silla, sin lumbre, casi helada, sin ideas, casi estúpida.



Su marido volvió hacia las siete. No había encontrado nada.



Fue a la Prefectura de Policía, a las redacciones de los periódicos, para publicar un anuncio ofreciendo una gratificación por el hallazgo; fue a las oficinas de las empresas de coches, a todas partes donde podía ofrecérsele alguna esperanza.



Ella le aguardó todo el día, con el mismo abatimiento desesperado ante aquel horrible desastre.



Loisel regresó por la noche con el rostro demacrado, pálido; no había podido averiguar nada.



-Es menester -dijo- que escribas a tu amiga enterándola de que has roto el broche de su collar y que lo has dado a componer. Así ganaremos tiempo.



Ella escribió lo que su marido le decía.



Al cabo de una semana perdieron hasta la última esperanza.



Y Loisel, envejecido por aquel desastre, como si de pronto le hubieran echado encima cinco años, manifestó:



-Es necesario hacer lo posible por reemplazar esa alhaja por otra semejante.



Al día siguiente llevaron el estuche del collar a casa del joyero cuyo nombre se leía en su interior.



El comerciante, después de consultar sus libros, respondió:



-Señora, no salió de mi casa collar alguno en este estuche, que vendí vacío para complacer a un cliente.



Anduvieron de joyería en joyería, buscando una alhaja semejante a la perdida, recordándola, describiéndola, tristes y angustiosos.



Encontraron, en una tienda del Palais Royal, un collar de brillantes que les pareció idéntico al que buscaban. Valía cuarenta mil francos, y regateándolo consiguieron que se lo dejaran en treinta y seis mil.



Rogaron al joyero que se los reservase por tres días, poniendo por condición que les daría por él treinta y cuatro mil francos si se lo devolvían, porque el otro se encontrara antes de fines de febrero.



Loisel poseía dieciocho mil que le había dejado su padre. Pediría prestado el resto.



Y, efectivamente, tomó mil francos de uno, quinientos de otro, cinco luises aquí, tres allá. Hizo pagarés, adquirió compromisos ruinosos, tuvo tratos con usureros, con toda clase de prestamistas. Se comprometió para toda la vida, firmó sin saber lo que firmaba, sin detenerse a pensar, y, espantado por las angustias del porvenir, por la horrible miseria que los aguardaba, por la perspectiva de todas las privaciones físicas y de todas las torturas morales, fue en busca del collar nuevo, dejando sobre el mostrador del comerciante treinta y seis mil francos.



Cuando la señora de Loisel devolvió la joya a su amiga, ésta le dijo un tanto displicente:



-Debiste devolvérmelo antes, porque bien pude yo haberlo necesitado.



No abrió siquiera el estuche, y eso lo juzgó la otra una suerte. Si notara la sustitución, ¿qué supondría? ¿No era posible que imaginara que lo habían cambiado de intento?



La señora de Loisel conoció la vida horrible de los menesterosos. Tuvo energía para adoptar una resolución inmediata y heroica. Era necesario devolver aquel dinero que debían... Despidieron a la criada, buscaron una habitación más económica, una buhardilla.



Conoció los duros trabajos de la casa, las odiosas tareas de la cocina. Fregó los platos, desgastando sus uñitas sonrosadas sobre los pucheros grasientos y en el fondo de las cacerolas. Enjabonó la ropa sucia, las camisas y los paños, que ponía a secar en una cuerda; bajó a la calle todas las mañanas la basura y subió el agua, deteniéndose en todos los pisos para tomar aliento. Y, vestida como una pobre mujer de humilde condición, fue a casa del verdulero, del tendero de comestibles y del carnicero, con la cesta al brazo, regateando, teniendo que sufrir desprecios y hasta insultos, porque defendía céntimo a céntimo su dinero escasísimo.



Era necesario mensualmente recoger unos pagarés, renovar otros, ganar tiempo.



El marido se ocupaba por las noches en poner en limpio las cuentas de un comerciante, y a veces escribía a veinticinco céntimos la hoja.



Y vivieron así diez años.



Al cabo de dicho tiempo lo habían ya pagado todo, todo, capital e intereses, multiplicados por las renovaciones usurarias.



La señora Loisel parecía entonces una vieja. Se había transformado en la mujer fuerte, dura y ruda de las familias pobres. Mal peinada, con las faldas torcidas y rojas las manos, hablaba en voz alta, fregaba los suelos con agua fría. Pero a veces, cuando su marido estaba en el Ministerio, se sentaba junto a la ventana, pensando en aquella fiesta de otro tiempo, en aquel baile donde lució tanto y donde fue tan festejada.



¿Cuál sería su fortuna, su estado al presente, si no hubiera perdido el collar? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Qué mudanzas tan singulares ofrece la vida! ¡Qué poco hace falta para perderse o para salvarse!



Un domingo, habiendo ido a dar un paseo por los Campos Elíseos para descansar de las fatigas de la semana, reparó de pronto en una señora que pasaba con un niño cogido de la mano.



Era su antigua compañera de colegio, siempre joven, hermosa siempre y siempre seductora. La de Loisel sintió un escalofrío. ¿Se decidiría a detenerla y saludarla? ¿Por qué no? Habíéndolo pagado ya todo, podía confesar, casi con orgullo, su desdicha.



Se puso frente a ella y dijo:



-Buenos días, Juana.



La otra no la reconoció, admirándose de verse tan familiarmente tratada por aquella infeliz. Balbució:



-Pero..., ¡señora!.., no sé. .. Usted debe de confundirse...



-No. Soy Matilde Loisel.



Su amiga lanzó un grito de sorpresa.



-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde, qué cambiada estás! ...



-¡Sí; muy malos días he pasado desde que no te veo, y además bastantes miserias.... todo por ti...



-¿Por mí? ¿Cómo es eso?



-¿Recuerdas aquel collar de brillantes que me prestaste para ir al baile del Ministerio?



-¡Sí, pero...



-Pues bien: lo perdí...



-¡Cómo! ¡Si me lo devolviste!



-Te devolví otro semejante. Y hemos tenido que sacrificarnos diez años para pagarlo. Comprenderás que representaba una fortuna para nosotros, que sólo teníamos el sueldo. En fin, a lo hecho pecho, y estoy muy satisfecha.



La señora de Forestier se había detenido.



-¿Dices que compraste un collar de brillantes para sustituir al mío?



-Sí. No lo habrás notado, ¿eh? Casi eran idénticos.



Y al decir esto, sonreía orgullosa de su noble sencillez. La señora de Forestier, sumamente impresionada, le cogió ambas manos:



-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde! ¡Pero si el collar que yo te presté era de piedras falsas!... ¡Valía quinientos francos a lo sumo!...

30/10/10

Fuga (seudopoema)

Añoranzas agridulces

huir de las llamas

cambiar la hostia

tomar vericuetos

hoja al viento

fuga, la divisa

23/10/10

¿Qué?

Hace mucho tiempo no dormía como esa noche. Después de un día pesado llegó a casa y en cuanto se acostó cayó como tabla. Ni una vez se levantó al baño como solía hacer, ni escuchó el ruido del aire acondicionado, al que no acababa de acostumbrarse; oriundo de tierra fría, los mosquitos y la dependencia del clima artificial le hacían sufrir en el trópico. Ni siquiera escuchó el rugido del camión que el vecino transportista echa a andar puntualmente a las 5 de la madrugada. Tampoco oyó la aguda alarma que lo despierta sin falta a las 6:30.

De no ser porque su mujer lo sacudió varias veces, hubiera seguido volando lejos de las calamidades mundanas, sobre un fresco bosque de coníferas que añoraba en una ciudad erosionada por los vientos y los gobiernos que confunden la modernidad con el concreto; lo más agradable era el silencio que prevalecía en ese lugar tan lejano a las calles sucias, ruidosas y malolientes que recorría todos los días. A la primera sacudida perdió el poder de suspenderse en el aire y comenzó a caer desde la altura. Como siempre, despertó un instante antes de estrellarse en el suelo. Por fin se levantó, se aseó y se dispuso a salir hacia sus obligaciones diarias.

Al despedirse de su esposa y ver sus gesticulaciones como en una película de cine mudo, descubrió la causa del sueño tan profundo que experimentó en la noche: la disminución gradual de su capacidad auditiva que se le había diagnosticado llegó a su límite. Había quedado sordo.

13/10/10

Ecoaldeas, !Sí se puede!

Ma. José Ferrada Lefenda


Tanto en nuestro país como en diferentes partes del mundo, las ecoaldeas ofrecen una oportunidad para todos aquellos que se interesan por habitar un espacio ecológico y comunitario.

La ecoaldea es un asentamiento a escala humana, de rasgos holísticos, donde las actividades humanas están integradas al mundo natural de manera no dañina, de tal forma que apoyen un desarrollo humano saludable, que pueda continuar indefinidamente en el futuro.

Se trata de personas que, frente al deterioro de la calidad de vida propio de las grandes ciudades y la destrucción del medio ambiente que éste desgraciadamente ha implicado, deciden habitar un espacio que se caracteriza por ser ecológico y comunitario.

Son lugares que, integrados ya sea por una decena o un centenar de personas, proponen un nuevo tipo de relaciones cooperativas y, por lo mismo, más humanas, en que se contemplan las funciones de una vida normal, como vivienda, alimento, industria, descanso y vida social en una escala equilibrada. En lugar del acostumbrado fin de dominar la naturaleza, se busca un encuentro con ella, que permita un desarrollo saludable del ser humano, lo que implica un crecimiento integral y equilibrado en los planos físico, emocional, mental y espiritual.

A pesar de que para muchos lectores puede parecer un sueño, se trata de una realidad que con trabajo y mucha paciencia se lleva a cabo no sólo en nuestro país, sino también a escala planetaria, a través de una red mundial integrada por medio centenar de aldeas ecológicas en el mundo.

Esta idea nace en los años sesenta, cuando aparecen las primeras ecoaldeas y se formula el concepto de permacultura, que consiste básicamente en la combinación de un respeto profundo por la naturaleza con la sustentabilidad económica.

Luego de cuarenta años del inicio del "movimiento verde", que comenzó con mayor presencia en América del Norte y Europa, hoy nos encontramos ante una expansión general a nivel planetario.

A las ecoaldeas chilenas (Portezuelo y Pualafquén), se suman otras experiencias a diferente escala en países como Argentina, México, Sudáfrica, India y Sri Lanka, donde una red de más de diez mil aldeas, con alrededor de nueve millones de habitantes, ha alcanzado la sustentabilidad alimentaria, comprobando la tesis de que la permacultura, una vez equilibrado el ecosistema, asegura su propia sustentabilidad.

Características de las Ecoaldeas
La construcción de un hábitat que respete el entorno es una de las principales características que definen el paisaje y las virtudes de las ecoaldeas.
De esta manera, en el área de la construcción ambiental, una ecoaldea debería contemplar el empleo de materiales naturales, el uso de fuentes energéticas renovables y la minimización de la necesidad de transporte motorizado, a lo que se suma el desafío de que las construcciones albergadas en su interior tengan un equilibrio entre lugares públicos y privados, que estimulen de esta forma la interacción comunitaria y den cabida a espacios de diversidad y creatividad.

Por lo general, las construcciones priorizan criterios estéticos y técnicos que se adecuen a su entorno.

Uno de los sistemas más utilizados es el cordwood, que consiste en albañilería con leños, que garantiza una larga duración. No se trata de una idea nueva, ya que en países como Francia se ha utilizado con excelentes resultados en casas que ya cuentan con cuatrocientos años de antigüedad. Las paredes de treinta centímetros de espesor, propias de estas construcciones, tienen un excelente aislamiento, que permite aprovechar y retener el fresco o el calor según la época del año.

Pero no es ésta la única opción, pues como la idea es respetar el ecosistema existente en cada una de las aldeas, las construcciones se adaptan al entorno y a los materiales ofrecidos por éste, de manera que se pueden encontrar construcciones en las que se utiliza no sólo madera, sino también piedra, mezclas de materiales provenientes de la tierra, reciclando de paso espacios preexistentes.

También la producción de los alimentos y de energía en la mayoría de los casos se integra con este hábitat. Un ejemplo es el método utilizado en la ecovilla argentina "Gaia", donde el régimen de vientos de la Pampa Húmeda favorece el uso de la energía eólica asegurando, de esta manera, todos los servicios de la vida urbana, incluso el acceso a Internet y la obtención de agua potable de napa.

A este caso, se suman muchos otros en los que los requerimientos básicos se obtienen mediante la energía solar, la leña, reciclando de esta manera técnicas de diversos orígenes, como de la cultura mapuche en el caso chileno, destacando así la importancia de la interacción e intercambio de información de las distintas ecoaldeas del mundo no sólo entre sí, sino también con culturas ancestrales.

Así como una de las principales características de las ecoaldeas es este respeto por el entorno a nivel arquitectónico, existe un gran cuidado por generar espacios libres de contaminación, donde los cultivos orgánicos y armónicos con el hábitat dan lugar a experiencias productivas en las que se logra una perfecta complementación entre métodos de tipo artesanal e industrial en pequeña escala.

A todo lo anterior, se suma el desafío por llegar a la construcción de relaciones que, basadas en el respeto, permitan una armonía en la asignación de recursos y la distribución de excedentes, pues como señalan los partícipes en este proyecto, se trata de plantear no sólo un espacio físico, sino también un espacio para un nuevo modelo de relaciones en las que, en contraste con las que se dan en los grandes asentamientos humanos donde el principal criterio es el de la gran escala y el de la especialización, se opta por una integración de las funciones.

Lo anterior no implica que las ecoaldeas pretendan ser completamente autosuficientes y aisladas, sino que más bien se busca un contacto mutuo y permanente con comunidades vecinas, donde se establece un espacio para el aprendizaje y la comunicación.

Un ejemplo de esto son las actividades desarrolladas por el ecopueblo Pualafquén, ubicado a pocos kilómetros del balneario de Coñaripe y del Lago Calafquén, y colindante con la reserva ecológica que lleva el mismo nombre de la ecoaldea. Como señala Hans Hebel, uno de los gestores del proyecto, "en este momento, se están desarrollando varios proyectos de silvicultura sostenible, agricultura orgánica y floricultura, además del desarrollo de la artesanía local en lana y madera. Del mismo modo, se han logrado progresos en la educación básica de los niños y niñas del sector. En ese sentido, se está capacitando a maestros rurales en las artes de la construcción ecológica tratando también de formar conciencia comunitaria en los vecinos del sector".

De igual forma, en la ecoaldea "Portezuelo", ubicada en la Región del Maule, a cincuenta kilómetros de distancia de los embalses Colbún y Machicura y cercana a las termas de Panimávida y Quinamávida, se desarrollan talleres en torno al concepto de permacultura, terapias, sanaciones y artesanía de la zona.

Tareas y Desafíos

Es importante destacar que, a pesar de que la palabra ecoaldea en un primer momento puede sugerir la idea de una aldea rural tradicional, de tecnología precaria, la experiencia muestra lo contrario, ya que el término pretende más bien enfatizar la importancia de la dimensión social de la "comunidad", ya sea en un ambiente rural o urbano. De esta manera, los habitantes de las ecoaldeas no rechazan la tecnología moderna, sino que promueven su uso de una manera sustentable, es decir, tratando de construir asentamientos que satisfagan los requerimientos de la comunidad. Tal como señala el Dr. J.T. Ross Jackson en su documento sobre el movimiento ecoaldeas, se trata de crear un espacio "que provea una alta calidad de vida sin tomar más de la tierra que lo que se le devuelve. Aspiramos a una sociedad que no niegue la tecnología existente, pero que considere la tecnología como un sirviente y no como un amo."

Otro de los desafíos que deben resolver los habitantes de estos asentamientos es el desarrollo de un sistema económico capaz de sostener el desenvolvimiento humano, partiendo del principio de la equidad y de la no-explotación de las personas. Por lo mismo, los proyectos se enfocan hacia determinar y desarrollar actividades económicas sustentables en relación tanto con los aldeanos como con el ambiente, lo que claramente dependerá de las características de cada lugar y de las capacidades de sus habitantes.

El sistema político que se adoptará es otro punto crucial, es decir, cómo se tomarán las decisiones y cómo se harán cumplir las decisiones comunitarias. Las posibilidades son tan amplias como la cantidad de ecoaldeas existentes; pero está claro que, con diferentes matices, el concepto que prima es el de re-establecer el concepto de comunidad.

De esta manera, las propuestas ofrecidas por las diferentes ecoaldeas constituyen no sólo un desafío para sí mismas, sino también un amplio campo de experimentación y de aprendizaje en pequeña escala, cuyos resultados pueden probar que son posibles otras formas alternativas de vida, en armonía con el planeta.

Aunque en la actualidad muchos de los participantes de estos proyectos concuerdan en que no hay ecoaldeas "terminadas", que cumplan con los requisitos de la definición de ecoaldea, lo que existe son muchos grupos distintos, con diferentes grados de desarrollo, cuyos esfuerzos están focalizados hacia demostrar la posibilidad de alcanzar estos patrones concretos de vida sustentable.

Nuestro País

En Chile, existen las dos ecoaldeas ya mencionadas, Pualafquén y Portezuelo, cuyos integrantes trabajan con paciencia y esfuerzo para llevar a cabo cada uno de los proyectos.

Como señala Hans Hebel, gestor del ecopueblo Pualafquén, la motivación que los impulsa es la de "crear un espacio que permita el contacto directo con la naturaleza, para reencontrarse consigo mismo inserto en la creación divina, enseñar nuevas tecnologías blandas de ecoconstrucción, crear un vínculo simbiótico entre los fundadores del ecopueblo y su entorno social predominantemente mapuche y, finalmente, crear conciencia respecto a los valores transgeneracionales.

Del mismo modo, Mario Contreras, fundador de la ecoaldea Portezuelo, señala "para quienes compartimos sin duda alguna el estado de crisis de la sociedad capitalista, el hedonismo consumista que privilegia las "cosas", desplazando a las personas, especialmente en la relación de las mismas entre sí y con el resto de la Naturaleza, se hace imprescindible llevar a cabo la posibilidad de una transición

hacia un modo de vida en el que la gente y los seres vivos puedan disfrutar en forma equitativa y armónica de un bienestar estable.
Es un trabajo arduo y que se relaciona directamente con el mejoramiento de la calidad de vida no sólo de los habitantes de la ecoaldea, sino también del entorno. Como señala Hans Hebel, "la tarea no comienza con el trabajo como tal, sino con la creación de conciencia en el colectivo, cosa nada fácil si se considera el altísimo grado de cesantía, analfabetismo y alcoholismo en el sector deslindante al ecopueblo. Pero en la medida en que se generan empleos, estos mismos vecinos, aparentemente condenados a su condición de vida sacrificada, adquieren caras iluminadas mientras logran estabilizarse en su alimentación y en otras necesidades básicas. En este momento, son aproximadamente veinte familias del sector las que han encontrado trabajo en el ecopueblo y se espera que con la llegada de la electrificación subterránea, este número aumente a cien dentro de los próximos dos años".

En cuanto a las motivaciones básicas que parecen ser comunes no sólo a las ecoaldeas de nuestro país sino también a los cientos de asentamientos de esta naturaleza en todo el mundo, Mario Contreras señala: "la idea básica es integrar un grupo de ecoaldeanos que, sin apartarse del mundo, puedan ir creando una alternativa modelo, tan buena, que cualquiera quiera imitar; desde luego, con el firme compromiso de trabajar sobre sí mismo, día a día, de manera de abortar desde el comienzo cualquier desavenencia que vaya en perjuicio del grupo y de su armonía. Con disciplina, pero a su vez con celebración y gozo, la norma sería: Primero los demás, y ojalá con pocas reglas, claras y simples. Es un hecho que grandes corporaciones funcionan con reglas mínimas; con la diferencia de que las nuestras serán fruto de nuestro consenso. Tampoco vamos a desconocer el hecho de que vivir en comunidad es un tremendo desafío a nuestra personalidad, a nuestro ego. Probablemente sea la prueba más rigurosa que debamos pasar si queremos ser los parteros de la generación venidera. El desafío no es para cualquiera."

Al consultar a Hans Hebel sobre el perfil de la gente que se interesa por participar del proyecto, señala que "generalmente se trata de personas con formación profesional, criterio formado y un deseo de llegar más allá de las apariencias superficiales de la vida urbana que condicionan gran parte de la vida cotidiana. Son personas que buscan autenticidad, la belleza de lo simple y lo natural, que prefieren tomar agua con la mano, de una vertiente de agua cristalina, antes que una Coca-Cola en un recinto cerrado".

Ambos proyectos pretenden, de esta manera, convertirse en una instancia de permanente crecimiento personal e intercambio multicultural, con una importante presencia de vida espiritual canalizada en talleres y retiros, que permitan el logro de una vida más integra y conectada con la naturaleza.

Es una opción a la que se invita a todos aquellos que están en la búsqueda de estilos de vida diferentes, que permitan la búsqueda y el encuentro consigo mismos, y con un entorno de vida sustentable y comunitario.

mundo nuevo® y guía holística® son marcas registradas.

Av. 11 de Septiembre 1945, Of. 509, Providencia, Santiago, Chile

Fono: (56) (2) 363-9693 Fax: 363-9683

E-mail : revista@mundonuevo.cl

12/10/10

Creéme, no te guardo rencor

Por Willmer (Últimas Noticias, Venezuela)

La mujer parecía demasiado vieja, pero en realidad no llegaba a los 50 años. Dos gruesas venas azules sobresalían en sus párpados y hacían ver más grandes sus ojos azabache, que parecían contemplar el pasar del tiempo con una expresión de desprecio somnolienta y triste.

“Sabes, no te conozco. Sólo sé que vives en la parte alta del cerro, pero lo más seguro es que nos hayamos topado alguna vez en la cola del Mercal, o en bulevar o cargando agua”, comenzó a escribir con su mano derecha, arrugada y temblorosa, mientras con la izquierda apretujaba un pañuelito en el que descargaba las pocas lágrimas que aún le quedaban.

Tres niños de 9, 7 y 4 años dormían plácidamente sobre un viejo colchón que estaba en el piso, al fondo del rancho. La mujer había colocado una lámina de cartón para separar el espacio donde dormían del resto de la vivienda. Estaba sentada en una mesa de madera a la que le faltaba una pata, pero que había recostado contra la pared para que no se cayera ni se tambaleara.

“No sé cuántos hijos tienes ni cómo los educaste, o si tienes marido. No sé si ellos fueron a la escuela. Tampoco conozco los apremios económicos que de seguro has pasado en la vida. Quería decirte que yo tenía cuatro hijos: el mayor, que el tuyo me arrebató y otros tres pequeñitos que ahora duermen allí, en el colchón”.

A pesar del dolor, aquella mujer mostraba la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a la pobreza. Sus cabellos espesos y entrecanos se recogían en una trenza triple que le rodeaba la cabeza. Tenía la boca seca, como si hubiese hablado toda la noche y parecía luchar por que no se le secase también el alma.

“Sabes, mi muchacho era bello, flaco y muy alto, pese a sus 17 años. Tenía la piel tostada y cuando se reía se le formaba dos huequitos en los cachetes. Si lo hubieras visto cuando se iba todas las mañanas para el banco donde trabajaba. Parecía un muñequito de torta. Yo me quedaba allí, asomada en la ventana, encomendándolo a Dios. Toda orgullosota de mi negrito”.

Las lágrimas la enceguecieron por unos instantes. Soltó el lápiz y se asomó a la ventana, tras apartar la roída y deshilachada sábana que hacía las veces de cortina. Volteó y miró a sus tres pequeñitos que yacían acurrucados en el rincón. Se acercó y los arropó con cuidado, para no despertarlos.

“Y era muy sano vale. No fumaba y sólo se echaba sus palitos cuando iba a alguna fiesta. Cuando salía de su trabajo se iba para la universidad bolivariana donde estaba estudiando periodismo. ¡Y cómo le encantaba el béisbol. Siempre me decía que de grande iba a ser como Vizquel, o como Galarraga y que iba a ganar mucho dinero para comprarnos una casa. Yo estoy segura que tu hijo no sabía nada de esto cuando me lo mató”.
Eran las once y media de una noche de luna llena del mes de septiembre. La mujer se secó el sudor del cuello y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Respiró hondo y volvió a tomar el lápiz con su derecha temblorosa.

“Me le metió siete balazos, vale. Y todo por un piche celular. De haber sabido, hubiese vendido el televisor y le hubiera regalado uno. No te puedes imaginar lo que sentí aquella mañanita cuando me vinieron a avisar que mi hijo estaba allí, tirado en las escalinatas, en medio de un charco de sangre. Ya el tuyo no estaba. Me quedé allí toda la mañana, abrazada al cadáver aún tibio de mi negrito. Acariciándole el pelo, tratando de revivirlo con mi llanto. Es muy duro vale. Ojalá nunca pases por esto. No existe un dolor comparable. Uno siente como si le estuvieran sacando algo de adentro. Cuida mucho a tus otros hijos, dales mucho amor, habla con ellos, aconséjalos, mételos en cintura. Si en algún momento tienes que darles un cuerazo, pues hazlo, de eso no se ha muerto nadie. Lo que no puedes es perder nunca el control sobre ellos”.

La mujer soltó el lápiz y encendió un cigarrillo, al lado de la ventana. Un humo espeso la envolvió y comenzó a salir por la ventanita, como si no quisiera contaminar el interior del rancho.

“Te cuento que mi negrito era prácticamente quien nos mantenía, porque su padre murió cuando estaba el chiquitico y el papá de los otros tres tuve que dejarlo porque me quería estar pegando. Me puse a trabajar como costurera en una fábrica, pero hace seis meses que me despidieron porque el dueño quebró. Con lo que ganaba mi bebé hacíamos milagros. Yo siempre les decía que había que arroparse hasta dónde nos alcanzara la cobija. No sé qué voy a hacer ahora. Una comadre me está consiguiendo un trabajo en el CDI de Montalbán como aseadora, pero no es seguro. Sé que nada de esto te interesa, pero es que quiero desahogarme con alguien vale y quien mejor que tu para escucharme”

Por algunos segundos la mujer se quedó paralizada y con la mente en blanco, contraída por el dolor. Bajo su silencio subyacía la tristeza. El despertar de uno de los chiquillos la sacó del estado absorto en que se hallaba. Le preparó un tetero rapidito y lo llevó de nuevo al colchón.

“Sabes, la semana pasada me enteré aquí en el barrio que agarraron preso a tu hijo y te lo enviaron para El Rodeo. Te mentiría si te digo que no me alegré. Es un peo de justicia. Ojalá Dios te lo cuide allí y ojalá se enderezase ese muchacho. Me da mucha pena por ti, pero créeme nuestros dolores son totalmente diferentes”.
La oscuridad comenzó a ceder lentamente en la calle. Varios hombres caminaban presurosos con una arepa metida en una bolsita plástica. La mujer los veía pasar, aunque su mirada perdida no se detenía en ninguno de ellos. Los primeros rayos del sol penetraron imperantes por la ventana, bañando la oscuridad que reinaba en el dormitorio. Las lágrimas se habían agotado.

“Sabes, esta carta la voy a pegar allá abajo, en la entrada del barrio. Desearía que no sólo tú, sino todas las madres de esos muchachos que corretean por las escalinatas, la lean y se preocupen por ellos. No puede ser que yo me vaya a dormir y deje a mis muchachos en la calle. O que lleguen con algo que no le has comprado y no le preguntes, no investigues. Dirás que me puse moralista, media cursi. Es probable, pero son los pensamientos y sentimientos que me llegan ahora”.

“Una última cosa. Ayer leí en la prensa que las madres de los presos de El Rodeo estaban protestando a favor de la reagrupación de presos, en contra del maltrato de los guardias y pidiendo que ellos fuesen trasladados a cárceles cercanas a sus familiares. Sospecho que estabas allí y me imagino todo lo que debes pasar para ir a visitarlo. Pero sabes, yo al mío lo visito sólo los domingos y mientras tu estás en la cola con la esperanza de verlo, abrazarlo y llorar con él, yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba, en el cementerio del sur. Créeme, no te guardo rencor”.

El autor

Mi foto
Localidad: Tierra, Región: Vía Láctea, Mexico
Pasante de la universidad de la vida, realiza estudios en ocio creativo y aplanado de calles y caminos con maestros como el profesor emérito Papirolas, el artista callejero Llanero Solitito y el padre Chinchachoma, protector de los niños de la calle. También le han dejado grandes enseñanzas los trotamundos argentinos denominados crotos en honor al gobernante de apellido Crotto, que permitió a los vagabundos viajar en los trenes sin pagar boleto. Los crotos proponen para mejorar la sociedad, entre otras cosas, volver al trueque, lograr que el trabajo sea creativo y edificante para los individuos, caminar o utilizar vehículos que no contaminan, como la bicicleta; en vez de vivir para acumular, traer a cuestas únicamente lo que se pueda cargar en una mochila; en síntesis, sustituir el ser por el tener. En su formación también ha recibido influencia de los anarquistas y socialistas utópicos, de los beatniks estadunidenses como Jack Kerouac, de los jipis promotores del amor y la paz, y de trovadores como José Alfredo Jiménez, Bob Dylan, Chavela Vargas, Rockdrigo González, Joaquín Sabina y José Cruz.

Huéspedes del refugio